martes, 1 de agosto de 2023

 


Ph: Berona Teomitzi 


Me gustaría

poder decirte:

Ven cuando quieras,

te estaré esperando.

Los barcos son así

son así los muelles

y los viajeros.

Te lo juro

me gustaría

poder decirte:

La nave que emprendimos

nos estará esperando

los días pasados

son como si no hubieran pasado nunca

las calles recorridas

están en el mismo lugar

las plazas

las fuentes

los árboles

cosas de la imaginación

cosas de la evocación

cosas de la nostalgia.

Me gustaría poder decirte:

Esta mañana llueve,

te estaré esperando

como si nada hubiera pasado nunca

como si Pinochet no hubiera asaltado la Casa de la Moneda

como si te hubieras ido hace solo media hora

a comprar tabaco.

Me gustaría poder decirte:

La vida está muy cara

pero los atardeceres siguen siendo rosa

hay niñas que quisieran ser palomas

pero deben ir al colegio

palomas que tienen tu gracia al despertar

tu gracia dormida

que es una gracia que no conocen

más que los que te vieron dormida una noche de verano

durante seis años

como yo.

Pero seguramente el hecho

de haberte visto dormida todas las noches de seis años

justamente me impide decirte:

Ven cuando quieras,

te estaré esperando

y seguramente

haberte visto dormida todas las noches de seis años te impide

volver al banco vacío

a la casa abandonada

al barco hundido.

Aunque sepas oscuramente

en las noches de invierno y de verano

que te estaré esperando

como si todas las cosas del mundo

ya nos hubieran pasado para siempre.

#CristinaPeriRossi


sábado, 3 de junio de 2023

 Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente

a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar

que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas

a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos

que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas

que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado

a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo

al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad

de que el ser tiene su razón.


Posibilidades,

Wislawa Szymborska


De Eduardo Lizalde,

 "Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses..".


Que tanto y tanto amor se pudra, oh dioses;

que se pierda

tanto increíble amor.

Que nada quede, amigos,

de esos mares de amor,

de estas verduras pobres de las eras

que las vacas devoran

lamiendo el otro lado del césped,

lanzando a nuestros pastos

las manadas de hidras y langostas

de sus lenguas calientes.


Como si el verde pasto celestial,

el mismo océano, salado como arenque,

hirvieran.

Que tanto y tanto amor

y tanto vuelo entre unos cuerpos

al abordaje apenas de su lecho, se desplome.


Que una sola munición de estaño luminoso,

una bala pequeña,

un perdigón inocuo para un pato,

derrumbe al mismo tiempo todas las bandadas

y desgarre el cielo con sus plumas.


Que el oro mismo estalle sin motivo.

Que un amor capaz de convertir al sapo en rosa

se destroce.


Que tanto y tanto, una vez más, y tanto,

tanto imposible amor inexpresable,

nos vuelva tontos, monos sin sentido.


Que tanto amor queme sus naves

antes de llegar a tierra.


Es esto, dioses, poderosos amigos, perros,

niños, animales domésticos, señores,

lo que duele.

martes, 16 de mayo de 2023

 Me gustan los pájaros porque vuelan y no vuelan. Porque se zambullen en las aguas y las nubes. Porque sus huesos están llenos de aire. Por la pelusa impermeable que tienen bajo las plumas. Por esas garras que han desaparecido de las alas pero que se han conservado en las patas, salvo en esas en forma de remo, dignas también de todo nuestro respeto. Me gustan los pájaros por sus patas de palillo, y por las torcidas también, cubierta en ocasiones por escamas púrpuras, amarillas o azules. Por su andar elegante majestuoso, y por su cojera, que siempre da la impresión que la tierra que hay bajo sus pies se balancee. Por esos ojillos desorbitados que nos ven a su manera. Por los picos puntiagudos, con forma de tijeras, curvos,aplastados, largos o cortos. Por las pecheras emplumadas, los penachos, las crestas, los collarines, los volantes, las almillas, los pantalones, los abanicos y los ribetes. Yo mismo valoro en gran medida no solo la grisura en el pelaje del ave, la cual nunca resulta monótona, sino también el abigarramiento, el cual en la época del celo siempre se las arregla para ofrecernos algún efecto adicional. Me gustan los pájaros por sus nidos, sus huevos y las bocas reptilianas abiertas de par en par de los polluelos. Y, finalmente, por esas voces chirriantes y melodiosas que gorjean, trinan y gorgotean.


- Wislawa Szymborska

 QUIERO (Utopía)

Cristina Peri Rossi


Quiero que nadie se preocupe por la tristeza de Ronaldo

(“la princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa?”, Rubén

Darío) sino por la tristeza de los hombres y mujeres sin techo,

sin trabajo, con hambre, con frío. 

Quiero la vida, 

su dulce o dolorosa intensidad,

y a veces,

no quiero nada la vida,

su terrible crueldad. 

Quiero que desaparezcan la tele basura, la radio basura, 

la política basura y las tertulias basura.

Quiero que bajen los decibelios de la ciudad de Barcelona

que los autos no hagan ruido, ni las taladradoras, ni los

buses, ni los maleducados, ni los matones, ni las radios, ni

las teles, ni las máquinas tragaperras.

Quiero que al subir al ascensor los vecinos se saluden

y estén dispuestos a ayudarse, a sonreír,

a sentirse hermanos, comprensivos, solidarios. 

Quiero que la sociedad no sea un concurso de egos

a ver quién lo tiene más grande.

Quiero que la información –droga- sobre fútbol no se coma

todo el tiempo de la tele

y la mayor parte de las páginas 

de los diarios.

Quiero que los jugadores de fútbol no sean estrellas mediáticas, sino trabajadores del balón. 

Quiero que la asignatura de cine sea obligatoria en todos

los institutos y que se vean las películas que narran la peste

del nazismo, la peste del fascismo y todas las injusticias de

la Historia para que no vuelvan a ocurrir. Quiero que vean El pianista

de Polanski, El gatopardo, Roma, ciudad abierta y La caída de los dioses, por ejemplo.

Quiero que ningún hombre viole a una mujer o a un niño.

Quiero tener cuarenta años en Barcelona, tomar café

en una cafetería de Gracia y después ir al cine Verdi.

Quiero que mi madre vuelva a tener sesenta y cinco años,

venga a visitarme a Barcelona, yo la lleve a tomar chocolate

al bar frente al Liceo y me diga “qué gente interesante”, refiriéndose

a los discretos camellos de la Plaza Real.

Quiero un helado de dulce de leche y un alfajor argentino.

Quiero que el cine Renoir Les Corts abra otra vez sus puertas.

Quiero escuchar un tango cantado por Susana Rinaldi y

sentir nostalgia.

Quiero que hacerse rico ilegalmente no signifique ser inteligente.

Quiero que no se confunda éxito con riqueza. 

Quiero acabar con todos los maltratos, 

los de los hombres hacia las mujeres, niños y animales, 

el de los empresarios hacia los trabajadores,

el de los bancos hacia los hipotecados, el de los déspotas

y el de los poderosos hacia los súbditos. 

Quiero una casa pequeña con vista al mar y a la montaña. 

Quiero que no se incendien los bosques.

Quiero ser amiga de una familia de jabalíes.

Quiero amar y no sufrir si no me aman.

Quiero una vejez muy dulce y una muerte más dulce todavía.

Quiero volver a leer los cuentos de Saroyan y emocionarme

como la segunda o la tercera vez que los leí. 

Quiero seguir leyendo los diarios en edición de papel

y los libros en edición de papel.

Quiero que no perder nunca la curiosidad.

Quiero pedir una pizza por teléfono los sábados a la noche

cuando estoy sola y que la pizza me acompañe.

Quiero mi colección de barcos en botellas de vidrio que dejé

en Sevilla en casa de un amor que perdí. 

Quiero acabar con todas las formas de machismo, incluida

la de Assange, quien dijo: “Soy un machista, no un violador.” 

Quiero conversar lado a lado o frente a frente

en una cafetería o en el sofá de mi casa

y no por Internet o por Messenger ni por las redes

sociales. 

Quiero ver el rostro a mis amigos, sus miradas,

Y que ellos me miren a mí.

Quiero sonreír sin que nadie me pregunte cuál es la causa.

Quiero que un exceso de confianza no vuelva vulgar la vida

cotidiana.

A veces quiero estar muy sola

y a veces quiero estar muy acompañada.

Quiero más cine europeo y menos cine norteamericano. 

Quiero la ternura de las películas argentinas y latinoamericanas

que los altivos y vanidosos llaman ternuristas. Como

si la ternura fuera un defecto, una debilidad. 

Quiero que Soledad Villamil me mire con sus ojos profundos

expresivos inolvidables y que me cante tangos aunque sea

desde la pantalla de un cine. Pero con más frecuencia. 

Quiero que a los jóvenes Gustavo Adolfo Bécquer no les parezca

cursi.

Quiero que juzguen a los banqueros por mala gestión y a muchos

políticos por nepotismo, enchufismo, prevaricación y corrupción

Quiero comer paella los jueves, pero sin pimiento, por favor, que repite. 

Quiero que no llamen al amor “hacer el acto” y a una cita

“un rollete”.

Quiero leer el diccionario todas las mañanas y maravillarme

con la sabiduría de las lenguas que distinguen entre tristeza

y melancolía o entre nostalgia y añoranza.

Quiero que a nadie se le pregunte dónde nació, sino quién es.

Quiero que no existan ni la aristocracia, ni la oligarquía,

y si me aprietan mucho, tampoco quiero que existan ni la burguesía ni el proletariado, sino una sociedad sin clases, donde el hacer

sea más importante que el tener.

Quiero eliminar la mezquindad, el egoísmo, el narcisismo, especialmente, el narcisismo.

No quiero una sociedad de famosos.

Quiero que un jugador de fútbol o una estrella de cine ganen

el mismo dinero que un médico o un productor de patatas. (Woody Allen también lo quiere.)

Quiero leer poesía y muchos relatos, pero pocas novelas. También

quiero leer algunos ensayos y los prospectos de los medicamentos.

Quiero que las garrapatas no me piquen y los mosquitos tigres me dejen en paz.

Quiero tener ilusiones aún cuando esté desilusionada. 

Quiero que la tramontana no me inquiete y mirar la luna llena en Calella

aunque tú no la mires.

Quiero compartir casi todo y guardarme para mí solo el silencio necesario para disfrutar de un poco de silencio.

Quiero que Lara Fabian venga a cantar a Barcelona.

Quiero que Barcelona no sea una de las ciudades más contaminadas de Europa. 

Quiero que tenga el aire más puro y que no nos

enferme con gases tóxicos y detritos industriales.

Quiero ver documentales de animales por la televisión.

Quiero que desaparezcan las religiones y todos los fanatismos. 

Quiero que las mujeres no reciban maltrato, ni sean víctimas

de desigualdades.

Quiero acabar con todas las mafias. La del tráfico de drogas,

la de la prostitución, la del tráfico de armas, de órganos, de inmigrantes o de

mano de obra barata.

Quiero el derecho a la eutanasia.

Quiero que las mujeres no tengan que abortar porque los

hombres se niegan a usar preservativos.

Quiero acabar con todas las formas de prepotencia.

Quiero que las cosas sean lo que parecen, y no todo lo contrario.

Quiero que las únicas mentiras permitidas sean las piadosas. 

Quiero soñar contigo.

Quiero que valga más la honestidad que la sumisión y la inteligencia

más que la astucia. 

Quiero que desaparezcan las pasarelas, los desfiles de moda,

las revistas de moda y los magazines de moda.

Quiero que los laboratorios no sean fábricas de hacer dinero.

Quiero que cuando alguien dice beneficio no sea sinónimo

de ganar dinero. 

Quiero no escuchar más la tontería de que los mercados

se autorregulan; sólo se autorregulan los seres vivos y muy poco.

Quiero acabar con los paraísos fiscales.

Quiero que los psicoanalistas paguen impuestos por lo que realmente

cobran a sus pacientes, y no tributen sólo por el módulo mínimo. 

Quiero que los dentistas paguen por lo que realmente cobran

y no tributen sólo por el módulo mínimo.

Quiero un impuesto a las SICAV y a las grandes fortunas,

aunque haya que ir a buscarlas a las islas Caimán o a la isla Margarita.

Quiero que se le retire la nacionalidad a todo aquel 

español que para pagar menos impuestos fija su residencia en

otro país.

Quiero volver a ver Gilda.

Quiero querer. Y que me quieran.

Quiero no arrepentirme de ninguna línea que haya escrito.

Quiero que la memoria no sea un cajón de basura lleno

de resentimiento.

Quiero que los hospitales tengan las paredes pintadas 

de colores suaves y relajantes, que los enfermos puedan escuchar su música

preferida y tengan jardines, para caminar cuando el tiempo es bueno.

Quiero los días grises cuando llueve y los días dorados

cuando hay sol. 

Quiero que llueva más a menudo y escuchar

el tango Garúa. 

Quiero el control de la natalidad.

Quiero no olvidar a ninguno de mis muertos queridos. 

Quiero jugar con los juegos de Internet. 

Quiero escribir sin repetirme.

Quiero la paz interior y la paz exterior. 

Quiero que nadie, nunca, humille a alguien, persona o animal.


Del muro de Iñaki Iguiniz Garcia


Cristina Peri Rossi es una escritora y traductora uruguaya que en el 2021 fue Galardonada con el premio Miguel de Cervantes.

miércoles, 1 de febrero de 2023

Malú Urriola

Ph: Berona Teomitzi

“Recuerdo la dulce mirada verdosa de los ojos de Tres Piernas. Y aquella sonrisa que eclipsa el fulgor de cualquier estrella. Una tarde que salió de las aguas del río, temblando. Y dijo con los dientes como castañuelas: Abajo hay un cardúmen de peces tan diminutos que tengo los ojos llenos.”


Malú Urriola.


 

jueves, 19 de enero de 2023

Ph: Berona Teomitzi

 

CIELO NEGRO


… En el cielo negro una estrella blanca,

ella existió y existirá para siempre,


los finos rayos nos alcanzan…

pero mejor prendé las luces


y alejate de la ventana oscura,

acá estás solo, y en otro lugar ella está sola,


y no hay nada para decir,

la mudez no se comparte.


Boris Rishy.


La extranjera (Adrienne Rich)


Mirando como antes he mirado, directamente al corazón

de la calle hacia el río

caminando por los ríos de avenidas

sintiendo el temblor de las cuevas bajo el asfalto

contemplando las luces encendidas de las torres

caminando como he caminado antes

un hombre, una mujer en la ciudad


la ira visionaria despejando mi visión

y las detalladas percepciones de merced

floreciendo de esa ira

Si entro a un cuarto fuera de la luz áspera y brumosa

los oigo hablar un lenguaje muerto

si me preguntan la identidad

qué puedo decir sino que


soy el andrógino

la mente viva que no logras describir

con tu lenguaje muerto

el nombre perdido, el verbo sobreviviendo

sólo en infinitivo

las letras de mi nombre están escritas bajo los párpados

del niño recién nacido.

viernes, 6 de enero de 2023



 

“Hay cuatro tipos de objetos perceptibles al ojo humano: uno es la materia; dos la antimateria; tres, las burbujas, y cuatro, las manchas y todo aquello que vemos y los demás ojos no.”

Anel Díaz.


“Anduve por el dorso de tu mano, confiada, como quien anda en las colinas seguro de que el viento existe, de que la tierra es firme, de la r...